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02 febrero 2011

THE DAILY: NUEVO PERIÓDICO DE STEVE JOB Y RUPERT MURDOCH


Los diarios digitales compiten contra los formatos físicos en un duelo mortal sin tregua por ganar lectores. Pero las estadísticas no mienten: aún falta una buena cantidad de años para que el lector acostumbrado a recoger el periódico a las puertas de su casa migre al soporte digital. 

En su libro “The Vanished News”, Phillip Meyer, el célebre autor del “periodismo de precisión”, pronosticaba ese paso irreversible para 2043, pero curiosamente en 2008 se desdijo, con el argumento de que en aquel momento, cuando publicó su predicción, no existía Internet y su pesimismo se enfocaba más bien a criticar la inserción del variables mercantilistas en un escenario social donde la comunicación sería escasamente valorada y redundante. Otros analistas como Ross Dawson consideran que la impresión informativa verá su final en EUA el 2017, en el Reino Unido en 2019, en Canadá en 2020, en Finlandia y Singapur en 2021, y en México en 2033 [1].

Por lo pronto, la mayoría de los lectores de periódicos recurren lo mismo a la impresa y la digital, a veces a intervalos de menos de un par de horas entre una y otra, por lo que el fenómeno mediático que realmente espera ser estudiado no es la muerte de la prensa escrita, ni la victoria pírrica de la prensa digital, sino la convivencia de ambas opciones. El propio Meyer considera que el medio en papel “da mejor información local y es más cercano a la gente” [2] hipótesis que no concuerda con el número de internautas que prefieren enterarse de lo que sucede en su ciudad o en su barrio siguiendo los post de varios blog o los hashtags en Twitter.

Ahora bien, tampoco hace sentido lo contrario: el dominio de las notas globales ni por asomo lo tiene la red y menos el periodismo on line, a menudo tan efímero y por lo tanto urgido de interpretar sosegadamente el devenir de los acontecimientos. Sigue Meyer aduciendo que el periodismo auténtico, lo mismo en el plano físico como en el de la red, tiene que entrar en una nueva relación entre el mundo publicitario y el de la comunicación, porque “se estructura sobre la confianza y no solo con la mercadotecnia de la publicidad”[3], situación en la que cae más fácilmente el periodismo impreso, entre otras razones porque la red apenas anda en la exploración de los medios mercadotécnicos más convenientes para que sus sitios web sean  autofinanciables y en este rubro, la prensa física ya tiene un largo camino recorrido.  

Y cuando la disyuntiva entre prensa digital e impresa parecía alcanzar su cénit, un nuevo formato aparece en el horizonte con la asociación de Steve Jobs y Rupert Murdoch (que no deja de apostar por los contenidos de pago desde que The Wall Street Journal comenzó a cobrar por el acceso a su sitio web en 1997). El gigante grupo de comunicación New Corp, dueño de publicaciones como The Time y cadenas de televisión como Fox, se asocia con Apple, e invierten 30 millones de dólares durante el primer año, para publicar un rotativo exclusivo para iPad o la Galaxy Tab, dispositivos que pueden concebir un diseño semejante al diario impreso.

The Daily se devela en un acto en el Museo Guggenheim, Manhattan, en febrero del 2011 como aplicación de iTunes por suscripción (99 centavos por semana por el que descargará automáticamente cada mañana el número del día), sin versión en papel, con el reclutamiento de 150 periodistas coordinados por Jesso Angelo, un editor reconocido del New York Post, que parte de la premisa bélica de desbancar a los otros dos formatos, desde el soporte novedoso y las posibilidades de la Interface táctil de las tablets, así como la facilidad que brindan para el cross-media: links, videos, hipertextos, gráficos interactivos. 

Otra vez resulta descabellada y utópica la idea de compartir espacios entre diversas modalidades de periodismo: la única meta de este nuevo modelo de negocio consiste en desbancar al contrario y, en el caso de Apple, arrancar una estructura de pago a través de iTunes para las publicaciones impresas que pretendan migrar sus contenidos al espacio digital.

04 enero 2011

MI PRIMER PERIÓDICO DIGITAL


Mi primer periódico ciudadano, que bauticé como www.procausa.org nació a partir de una benévola adicción: hacia el año 2009 prácticamente estaba enganchado a la web; padecía un apego a la navegación transmediática que me provocaba privación de sueño y reconfiguración de mis relaciones personales, aunque presentía que mis capacidades cognitivas estaban, al contrario, a la alza. El ciber-mal, propio de blogueros, hackers, programadores y videojugadores, puede ser conocido con diferentes nombres: desorden de adicción a Internet –Internet Addiction Disorder (IAD)- (Goldberg, 1995) o uso compulsivo de Internet (Morahan-Martin y Schumacker, 1997). Claro que mi caso no era para tanto: aunque mis intentos por reducir o controlar el número de horas dedicadas a este saludable vicio resultaban infructuosos, al final concluí que lo mío no era una adicción química sino psicológica y en el fondo, digamos que vocacional: me asumí como un diletante, un migrante digital que arribaba a sus cuarenta años al ciberespacio, apurado en conocer el know-how de dicho entorno tan hospitalario pero difícil de asimilar para el extranjero obligado a cambiar costumbres y patrones de comportamiento y modo de vida.

Nunca creí, desde luego, que la web fuera causa en sí misma del decremento del circulo social de una persona, y menos de depresión, soledad y suicidio: esto es cargar mucho las tintas y a lo sumo, puede inducir en algunos un estado de conciencia alterado (lo que en medicina se conoce como “total focalización atencional”). Y en cuanto a la tendencia psicopatológica del anonimato que estimula actos desviados como la pedofilia y la creación de personalidades ficticias para ocultar infidelidades, es innegable que este comportamiento se diluye en el hábito más reciente en las nuevas generaciones de ventilar a los cuatro vientos virtuales (facebook, youtube, twitter y LinkedIn) quienes somos, qué queremos, cuales son nuestras filias/fobias y con quién nos relacionamos sin reservas de ningún género. Ahora bien, no oculto que mi apego a la web consumía la mayor parte de mis días y noches, por lo que una madrugada, casi consagrada a buscar aplicaciones para etiquetar en nube, me decidí a vencer la tentación entregándome en cuerpo y alma a sus brazos: ideé una empresa digital que luego programaría como plataforma virtual mi hermano Oscar, y que surgió entre las brumas soñolientas de la duermevela, www.procausa.org Fue un remedio de matacaballo que me provocó una especia de síndrome de abstinencia parecido al malestar que describe John Lennon en Cold Turkey: “My eyes are wide open, can't get to sleep. One thing I am sure of, I'm in at the deep freeze”.

En un principio, esta proyecto digital, cuyas funciones originales (entonces todavía en beta), fueron las propias de un agregador de noticias, no fue el gran descubrimiento que entrara en liza con los puntocom de Sillicon Vally, pero sirvió como vertedero de los hallazgos, enlaces y correlaciones con mis almas gemelas de la red. Mis amigos en la red reconocían la audacia, pues no eran tiempos fáciles para los inversionistas regionales dada la caída libre de la economía global, como dice Joseph E. Stiglitz, y la inseguridad que hace de las ciudades del norte de México campos de muerte similares a Kandahar o Mogadishu. Pero sí debo reconocer que mi vida en 2009 oscilaba entre una zona de confort digital y una zona de alto riesgo real. Era una atmosfera asfixiante. Como bien se sabe, con la sensación de bienestar cibernético (que se consigue cuando se navega en la web con pura indolencia sin propósito determinado) el internauta adormece sus sentidos, estado complaciente que se me sumaba en mi caso con la sensación de peligro permanente que vivimos en México. Ante un escenario hostil, de amenaza constante, el cerebro se previene cambiando su fisiología: deja de funcionar bien la corteza cerebral y mejora una parte del sistema límbico, sobre todo el llamado complejo de núcleos amigdalinos. Pero al asumir un reto concreto, como lo fue en este caso mi empresa digital, el cerebro sale de su zona de confort y de su escenario de peligro y se prepara incrementando el riego sanguíneo en la corteza cerebral y aumentando el tamaño del hipocampo, proceso que pone al sujeto en línea para cumplir sus metas.