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15 febrero 2011

¿CON QUÉ SE COME LA ADHOCRACIA Y CÓMO SIRVIO A LOS EGIPCIOS?


Conozco a más de un aspirante a líder revolucionario que quiere emular en su propio país la hazaña tunecina y egipcia. Con o sin dictador al frente, la moda es mover el tapete a los gobiernos corruptos y aderezar la insurrección doméstica con heroicas proclamas dictadas a los medios internacionales.

La cosa sería valedera y hasta legítima de no ser por un bemol: en lo que Manuel Castell define como  “wikirevolución del jazmín”, los protagonismos con micrófono adherido a la solapa, salen sobrando. Lo más cercano a esta figura, más anticuada que un gentleman con bombín y zapatos de piqué, es Mohamed Elbaradei. Con gesto de mártir que acepta arrojarse al mar embravecido, pero sin desabotonarse la camisa ni aflojarse la corbata, este premio Nobel de la Paz (por su lucha contra la proliferación de armas nucleares) y ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, ha declarado muy orondo su sacrificio de dirigir el proceso de transición y lanzarse como candidato presidencial.

Los muchos protestantes muertos, mutilados y heridos, parecen no reparar en la injusticia irónica de haber dejado jirones de su vida y su cuerpo en las baldosas ensangrentadas de la plaza Tahrir (plaza de la Liberación) en favor de una libertad en la que Elbaradei ahora estampa su firma y su heráldica, con cara de profeta afligido por los cientos de víctimas a quienes conoció recientemente por televisión.

Los mismos protestantes egipcios parecen olvidar un principio elemental que se impusieron en su heroica gesta: cien son mejor que uno. En otras palabras, la multitud abriga más sabiduría que el más sabio de sus integrantes, así tenga la testa coronada por Estocolmo. La diferencia entre estas protestas sociales y las anteriores registradas en la historia consiste en que en las recientes no hay primus inter pares: no ha primeros entre iguales. En realidad, la democracia en Egipto ha izado sus banderas no gracias a un líder carismático y de verbo flamígero, sino gracias a la adhocracia. Sé que al toparse de súbito con esta palabra, más de un lector alzarán las cejas; yo también las alcé cuando la leí por primera vez y corrí a rastrarla en Google.

Adhocracia quiere decir ausencia de jerarquía y el término lo popularizó Alvin Toffler en su best seller “El shock del futuro”. Suele usarse en teoría administrativa para definir a las organizaciones flexibles, descentralizadas y antiburocráticas, donde sus directivos cuentan con el mismo nivel de autoridad en la toma de decisiones y predomina la colaboración simple. Implantada en la esfera política, la adhocracia crea estructuras temporales, no complejas, para resolver un problema social concreto. Luego se diluyen o se metamorfosean en uno o más cuerpos organizativos diferentes para la consecución de otros fines.


La ausencia de cabezas visibles o protagonismos definidos en los movimientos sociales de Túnez y Egipto (a pesar de Elbaradei) es una de las pruebas de que los actos de insurrección en esos países árabes fueron alentados y comunicados masivamente por las redes sociales, por lo que pueden ser bautizados como revoluciones twitteras. Es decir, son adhocráticas. Y sin adhocracia no hay nuevos medios. Así de simple. Basta recordar que la web está compuesta de nodos interconectados, sin que ninguno de éstos sea el principal o central. En las redes sociales la adhocracia es una denominación de origen.  De manera que si algún lector quiere alentar desde Facebook o Twitter una revolución para derrocar al mal gobierno de su país, estado o municipio, tenga presente que su acto precursor será anónimo o no será. O, como decían tres personajes de Alejandro Dumas: “Todos para uno y uno para todos”.

EGIPTO EN LLAMAS: ¿Y NOSOTROS?


La discusión sobre el verdadero papel que desempeñaron los nuevos medios en la revolución egipcia del 25 de enero pasado es un falso debate. Incluso puede ser una cortina de humo que nos distraiga de lo importante sobre el derrocamiento del presidente Mubarak. ¿Pero qué es lo importante en este hecho inédito en la historia mundial? En principio de cuentas que la transición democrática en Egipto no termina de consumarse sino que acaba de empezar. Y que si bien las redes sociales ayudan a tumbar gobiernos, no sabemos si ayudan a formarlos. 

Eso no parece desvelar a intelectuales mediático como el norteamericano Malcom Gladwell y el ruso Evegny Mozorov quienes, por condenar un exceso (pensar que la egipcia es la primera revolución twittera) incurren en otro (creer que los nuevos medios no fueron relevantes en este radical cambio de mandos). Coincido con otros analistas como Jeff Jarvis y Jay Rosen cuando nos piden no caer en impresiones absolutistas y por ende aconsejan prudencia a la hora de calificar un acontecimiento histórico que aún falta por desplegarse. En ambos casos, la ceguera es evidente. Es más: una revolución instantánea como la vivida por el pueblo egipcio porta un aura de misterio que levanta intrigas antes que certezas.

Lo que sí podemos pedir a fundamentalistas occidentales como Gladwell, es que no cancelen por anticipado el análisis del rol que jugaron medios como Twitter y Facebook en estos hechos que son parteaguas en la historia moderna del mundo. Porque si les hacemos caso, dejaremos de elucubrar cómo pudo depositarse tan rápidamente (cuestión de días) la opinión articulada de los líderes de opinión en la conciencia colectiva. O al revés: como pudieron interpretar los líderes de opinión en pocas horas el sentir de la mayoría. Pero ambas posiciones se evaporan con la obviedad de Gladwell: hubo revoluciones mucho antes de que apareciesen las redes sociales. 


Lo que no entiende Gladwell, a pesar de ser un analista tan competente, es que lo existente ahora y no antes, es la rapidez con que se propaga una idea libertaria. Este factor de difusión inmediata es nuevo y no se puede descartar de un plumazo. Menos se vale menospreciar a las redes sociales que, en un santiamén, conectaron grandes flujos de información propiciando lo inaudito: hacer pasar a la gente de ser meros espectadores a participantes activos. ¿Cómo? Fácil: diseminando valores compartidos que, en un clima de zozobra social, violencia urbana y parálisis política, aunado a tecnologías sociales en expansión, se detonan como quien quita el seguro a una granada. A partir de ese punto de inflexión, las posibilidades de un movimiento subversivo son naturales e incluso esperables, lo mismo en Túnez que en Egipto. ¿Y en Monterrey?

14 febrero 2011

MALCOM GLADWELL EN EGIPTO



Ayer recibí un par de mails de lectores que no coinciden con mi artículo "Lo que usted no ve". El primero era franco en su conservadurismo militante: ¿por qué las televisoras tendrían que hacer concesiones gratuitas a las ocurrencia caprichosa de tanto "protestador greñudo"? 


Mi respuesta es simple: por un lado, los mexicanos hemos hecho tantas concesiones nada gratuitas a las televisoras, que ya es hora de que éstas reciban una sopa de su propio chocolate. Así vamos todos aprendiendo a ser demócratas de verdad, no nada más de dientes para afuera.


Por otro lado, esta denigración de los estudiantes que hace mi querido lector (en este caso lectora) me recuerda la descripción que hacía Ronald Reagan, de un joven manifestante: "Es un ser greñudo como Tarzán, casi desnudo como Jane, y maloliente como Chita". Sin comentarios.


El otro mail es más sociológico: me rebate mi lector (en este caso, también lectora) que exagero la importancia de las redes sociales y de Internet en los movimientos juveniles de protesta. Quiero decirle a mi lectora que coincide, casi al pie de la letra, con la opinión de Malcolm Gladwell, el melenudo gurú de las tendencias actuales.


"En un artículo publicado por The New Yorker, en febrero de 2011, titulado “Does Egypt need Tweitter” Gladwell niega que las redes sociales, que él denomina los “comos” de un acto de comunicación, puedan tener importancia en protestas sociales como las que llevaron a derrocar dictaduras recientes como la de Egipto y Libia. 


Dice Gladwell que de haber escrito Mao en estos tiempos su conocida frase “el poder nace del fusil”, hubiéramos exclamado: “¿Viste lo que twitteó Mao?”

Comparto las ideas de Gladwell y de mi amable lectora. Pero, ni modo, sólo en parte: coincido, el activismo social requiere de raíces profundas y fuertes lazos que no se limitan a los nuevos medios alternos. Es obvio que la gente protestó y derribó gobiernos antes de que se inventara Facebook y antes de la llegada de Internet, incluso antes de que se inventara la bombilla eléctrica y me atrevo a decir, antes de que se inventara la rueda. La insatisfacción social siempre encontrará la manera de comunicarse a través de dispositivos de comunicación al uso: los mensajeros, los libelos, la prensa y hasta las señales de humo. 


Pero en el caso de las protestas juveniles masivas, como las de México, la rapidez con que se difunde el sentimiento social es gracias a los nuevos medios alternos: lo que antes ni siquiera se soñaba, ahora se volvió un recurso necesario.


Egipto sí necesita smartphones; sólo los dictadores como Mubarak, no. Occupy Wall Street sí requiere de Facebook, sólo Goldman Sachs no. #YoSoy132 sí ocupa Twitter, sólo Televisa no. Así de simple. 


Clyde Shirky, otro experto en redes sociales (para mi gusto el más acertado), comentó recientemente en una conferencia en León, Guanajuato, que las plataformas de participación colectiva (en otras palabras, las redes sociales), mejoran la democracia en países que la tienen, y la inventan en países que no la tienen. 


Shirky, un verborreico pelón de lucidez pasmosa, supone que la tecnología, posibilita aunque no induce, por sí sola el cambio social. Es el comportamiento de las masas  lo que  provoca las reformas colectivas. Es decir, las marchas juveniles requieren, para su crecimiento de software y hardware, pero sobre todo se necesita de “Mindware” para que las reformas funcionen bien.


De manera que si hoy fuese gobernante Ronald Reagan, su comentario sobre el fétido Chita hubiese provocado un treanding topic. Y no se hubiera ocupado un Marx para estallara una manifestación de dimensiones colosales. 


Que me disculpen mis amables lectoras junto con mi admirado Gladwell, pero ya sustituimos la frase marxista de "el poder nace del fusil" por "el poder nace de un twitt".  

13 febrero 2011

LOS ALBORES DEL HACKTIVISMO


Anonymous es una paradoja: ¿son un meme (fenómeno de Internet) o es una pequeña comunidad de hackers anónimos y transnacionales? Si es lo primero, se impone la vaguedad en los propósitos de sus participantes y la falta de agenda en sus acciones; si es lo segundo, se presiente un movimiento bien coordinado y preciso al atacar sus blancos. Si es lo primero, el reclutamiento de adherentes es etéreo, caótico y de movilización frágil (nadie sabe quién es quien). Si es lo segundo, su tejido orgánico es tan hermético como una secta de hackers especializados en tumbar plataformas virtuales. La etiqueta puede aglutinar ambos sentidos del término; juegan a dos pistas y permean en las redes sociales como la humedad.  

Son apartidistas, carecen de líderes visibles, portavoces, no respetan izquierdas ni derechas, desconfían de los medios impresos de comunicación y están seguros de que al mundo lo dominan poderes fácticos como las instituciones bancarias en contubernio con los organismos financieros internacionales. Utilizan una red de chat conocida como IRC Anonops. Los consensos de sus próximos ataques brotan como por arte de magia entre sus militantes.  Lo que sí queda claro son sus fines: en un principio, se propusieron expulsar de la red a quienes no profesasen, como ellos, la libertad de expresión. Luego han sido un medio de organización eficaz para luchar en contra de la corrupción de los gobiernos, derrocar gobiernos como el de Túnez y Egipto y  repudiar la censura como la del gobierno mexicano. En un par de años, han pasado del mundo virtual a la vida real.

Los miembros de Anonymous integran un magma varipinto y tranversal; suelen ser ciberactivistas, en su mayoría jóvenes de clase media entre los 16 y 35 años, y se comportan como demócratas fundamentalistas, un tanto intolerantes e histriónicos si uno se atiene a su lema, o más bien a su call to action: “Somos legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos”. La primera parte de la frase tiene resonancias bíblicas. La segunda, sesgos anticristianos. La tercera, alardes mnemotécnicos. La cuarta, alusiones teatrales a Esperando a Godot.  Usan una máscara propia del terrorista de V. De Vendetta, la novela gráfica de Alan Moore que luego se convirtió en película en 2006, y si cuentan con algún refugio oficial, este puede ser la suma de los sitios www.whyweprotest.net, además de www.whywefight.net

Nacieron como organización en los tablones de imágenes o imageboards como 4chan y Futuba Channel, la Wiki asociada partyvan.info y entre sus intenciones iniciales estaban la de divertirse con bromas sofisticadas como meter spamming en salas de chat, u ordenar cientos de pizzas a los domicilios de las personas que no les agradan, por lo que en un principio no les tomaban en serio sus expresiones excesivas e incendiarias. Después sus detractores se enteraron que éstos jóvenes no están jugando: su grado de profesionalismo les ha permitido dar en la diana frecuentemente, como lograr que la policía de Toronto, Canadá, detuviese a un pederastia llamado Chris Forcand gracias a varios hackers que se autodenominaron “vigilantes de Internet” y operaron una especie de caza virtual del delincuente.  Desde entonces, Anonymous ha tirado páginas web, organizado marchas masivas y emitido declaraciones de ciberguerrilla, lo mismo en Facebook que en Twitter, con videos alusivos a sus ideales,  subidos en Youtube.

En 2008, Anonymous creó el Proyecto Chanology con la meta de bajar de Internet a la Iglesia de la Cienciología. En un par de horas, las páginas web de la Iglesia sufrieron ataques de denegación de servicio (DdoS) y se volvieron inaccesibles para los usuarios, además de filtrar documentos extraídos de los archivos de la Iglesia y protestar pacíficamente en la calle con cartelones en Orlando, Florida, Santa Barbara, California y en Manchester, Inglaterra, hasta extenderse a Europa y Australia, todo precedido por una declaración de guerra en forma de video de Youtube (Message to Scientology), subida a esa red social el 21 de enero de ese año, donde se acusa a la Iglesia de la Cienciología y al Religious Technology Center de fanatismo e intolerancia: “Los métodos, hipocresía e ingenuidad de su organización han hecho sonar sus campanas fúnebres”. 

A partir de ese día se ha sobrevenido una agenda de protestas sistemáticas, con distribución de folletos, pintas, voteos y flyers incluido, en ciudades como Toronto, Londres, Sidney, Berlín. La Iglesia de la Cienciología ha respondido con la política “Attack the attacker”, y ha considerado a Anonymous como SP (suppressive person), por lo que atribuyó a esa organización virtual las amenazas de bomba que sufrió en uno de sus centros en 2008.     

12 febrero 2011

NEW FASHION: HACKTIVISTAS EN MÉXICO


En México también está haciendo de las suyas Anonymous. La primera acción en contra de una página web mexicana y en general de América Latina, sucedió el 9 de febrero con la llamada “Operación Tequila”. En señal de venganza, los hacktivistas saturaron www.noticiasmvs.com durante dos horas, de las 20 a las 22 hs (Hora en ciudad de México), y www.mvs.com.mx a las 17 h (Hora en ciudad de México) mediante un ataque de DDos (denegación de servicio) a la empresa radiodifusora, en protesta por el despido de la primera emisión de la periodista Carmen Aristegui (preguntó al aire si el Presidente de México tenía o no problemas de alcoholismo) y fue coordinada desde la cuenta de Twitter @ContraLaCensura.

La noche de ese mismo día, el hashtag de la operación #OpTequila aparecía como Trending Topic en esa red social. Un día antes  los miembros de Anonymous habían dado de alta el blog “Boicot contra MVS”, alojado en WordPress, desde donde se descargaba LOIC (Low Orbit lon Cannon), aplicación diseñada originalmente para probar la resistencia de las redes informáticas. El truco consiste en enviar grandes flujos de información por segundo, hasta provocar la saturación y la consecuente pérdida de conectividad de la red del servidor atacado, que se hace inaccesible dado su gran consumo de ancho de banda. Desde un IRC (Internet Relay Chat), protocolo de comunicación en tiempo real basado en texto, se opera un ataque coordinado por todos los usuarios conectados a ese canal, acción que en informática se conoce como inteligencia de enjambre (Hive Mind). Al momento se organiza un conjunto de robots informáticos que se ejecutan autónomamente: botnet (la técnica más usual de ciberataques). Dado que el DDoS se detona lo mismo desde Windows que desde Linux, es fácil que cualquier programador participe como voluntario, sin importar en que parte esté del mundo.    

Anonymous emitió un comunicado el mismo día del ciberataque a MVS donde explicó que la abrupta e injusta salida de Aristegui demuestra que la libertad de expresión no existe en México. En seguida, presentaban su decisión de “apoyar una propuesta de un grupo de voluntarios de diversos países para realizar una protesta virtual, con el fin de demostrar que no estamos dispuestos a seguir tolerando los abusos de los gobiernos contra las voces que prefieren la verdad a censurar”. Lo extraño es que no se pronunciaron directamente en contra del gobierno de Felipe Calderón. 

El número de participantes de este ciberataque no se hizo público, pero si se considera que el portal de MVS quedó fuera de la red desde los primeros minutos en que inició el DDoS, quiere decir que fueron decenas de miles los participantes. Los seguidores de Anonymus se han incrementado exponencialmente en unos cuantos meses y abarcaban un espectro global y ya forman legión. Su mensaje concentra en una sola bandera los diversos actos de vandalismo digital y se dicen dispuestos a enfrentarse contra los represores de los contados espacios democráticos en los medios de comunicación: “La protesta es un derecho que tenemos y que ejercemos con la solidaridad de otros Anonymus en el mundo”. En el mismo comunicado, se deslindaron de cualquier ciberataque contra la Presidencia de la República: “Si bien el gobierno mexicano es uno de los principales responsables de la situación, nos deslindamos de ataques hacia páginas del gobierno hasta nuevo aviso”. Como puede verse, Anonymous dejó la puerta abierta para escalar sus acciones a un grado de sofisticación más delicado.

Los hacktivistas aprovecharon una laguna en la legislación mexicana porque el DDoS no está tipificado como delito, así que sus promotores no podrían ser acusados legalmente. Ellos mismos se asumen como participantes de la democracia activa e hiperpolítica, y a pesar de que sus acciones no repercuten en las tendencias electorales (por el momento), sí son una muestra representativa de las posiciones políticas (o la oposición al poder legal o fáctico) de miles de ciudadanos de diversos países del mundo  para expresar su inconformidad con la política de una empresa (como lo hicieron con Mastercard y PayPal, obligados a replicar su plataforma en varias webs-espejo), un gobierno (como el de Túnez o Egipto) o una Ley (como la Ley Sinde, en España). Lo cierto es que sus acciones parecen seguir la opinión de Carlos Fuentes: “no existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad”.

El éxito del bloqueo masivo en contra de MVS en México, augura que se multiplicarán los voluntarios apartidistas, que luchan en favor de la libertad y la injusticia tanto en nuestro país como en América Latina y acepten instalar y alojar ORCLOIC en sus computadoras, a fin de formar parte de los ciberataques, dirigidos por la inteligencia de enjambre de Anonymous. Por lo pronto, según otro comunicado de esta organización, la “Operación Tequila” se dirige ahora en contra del sitio de la estación EXA FM (www.exaf,.com) y convoca a una marcha masiva partiendo del Auditorio Nacional hasta las instalaciones del Grupo MVS en la ciudad de México, disfrazados, desde luego, con sus máscaras representativas de Guy Fawkes.  

30 enero 2011

EGIPTO Y LOS SMARTMOB


Las redes sociales no inician por sí mismas movimientos populares. Esta simple verdad parecen olvidarlo los detractores de Internet como vía de expresión ciudadana en insurrecciones como la de Moldavia, Irán, Túnez y Egipto. Pero lo que sí hace la tecnología es mejorar la comunicación de las masas y difundir ampliamente su mensaje crítico. Internet es la consecuencia, no la causa: ese es un trending topic. Los ciudadanos canalizan su hartazgo individual a través de las redes sociales y caen en la cuenta de que su insatisfacción es generalizada: no están solos. Se evapora así la sensación de aislamiento humano y aquello que canta John Lennon en su canción Isolation: “We´re afraid to be alone” para entender que, finalmente “The world is a little town”.

No otra cosa hizo la imprenta (una tecnología que personalmente me atrae por razones obvias) en los cambios sociales que experimentó la sociedad del siglo XV, y siglos después los movimientos independentistas de América Latina. La palabra impresa es una tecnología y otra lo es la organización social moderna. Luego, en pleno siglo XX, la imagen que fue la bases del cine y luego la televisión (otras tecnologías) compitió con la imprenta para agitar (o adormilar, según sea el caso) las conciencia social. En el siglo XXI, la nueva tecnología, que no es más que convergencia de medios, o cross-media, está provocando que los movimientos sociales, sanos o insanos, puedan exponenciar sus alcances de difusión masiva y convencer a la mayoría de la gente afectada por gobiernos represivos y antidemocráticos que gracias al Internet el mundo se está convirtiendo en un pequeño pueblo.

¿Provocaron, pues, las redes sociales la insurrección popular en Egipto? Indudablemente no, pero sí sirvieron para que los insurrectos se organizaran más rápido (las revoluciones suelen hacerlas los jóvenes y en los países árabes estos conforman más del 20 por ciento de la población) y que el Presidente Hosni Mubarak perdiera los estribos, reprimiera a sus ciudadanos-súbditos que ha gobernado por 30 años, asesinara a más de 100 personas en un par de días y la sociedad egipcia esté al borde de la ingobernabilidad. La medida que tomó Mubarak fue la más ingenua que puede decidir un gobernante: censurar el medio de comunicación, en este caso apagando el botón de Internet, como si la red fuera culpable de la desestabilización política, además de prácticas como robar contraseñas de opositores en Facebook y Gmail.



Antes de Twitter, que concentra en una plataforma lo que antes se dispersaba en muchos sitios web, el medio de comunicación preferido para convocar a actos masivos, al menos en Europa, fueron los SMS, enviados a través de dispositivos móviles, en especial los smart phones. Los mensajes, apoyados también con buzz (boca a boca) formaban una red logística descentralizada, denominada smartmob, multitud inteligente, participativa y responsable, que es la versión de activismo político del flashmob (multitud instantánea que se reúne para actos sin sentido) y suele vadear los medios de convocatoria convencional para armar cadenas de manifestantes. Este fenómenos social de autoorganización fue analizado por Howard Rheingold en su libro: “Smart Mobs: The Next Social Revolution” y un año más tarde se creó floksmart.com en San Francisco, página web para organizar concentraciones. 

Recuerdo la primera vez que presencié una acción masiva de este tipo en el otoño de 2004: cenaba en una de las terrazas de Plaza Mayor en Madrid, cuando cientos de jóvenes maquillados como mimos y embadurnados de pintura roja, simulando sangre, se arrojaron al piso, alrededor de la estatua de Felipe III. Ninguno de los jóvenes habló; se levantaron al cabo de cinco o seis minutos y se marcharon ordenadamente por calle Mayor. ¿Fue un ejemplo de smartmob o de flashmob? Nunca lo supe. 

LOS NUEVOS INTERNAUTAS Y SUS COMPETENCIAS CROSS-MEDIA

Crear contenidos convergentes (cross-media) y aprender a compartir e intercambiar tales producciones de género híbrido es una de las competencias y habilidades imprescindibles del prosumidor. La convergencia de medios de comunicación que suscita que periódicos impresos, antes unimodales, se conviertan en diarios digitales, programas de televisión reconfigurados en la web e información radial versionada para dispositivos móviles, obliga a los internautas a ser diestros en múltiples frentes y a crear contenidos mediáticos multiplataforma, como filmar, diseñar, editar, redactar, embeber, en un modelo multitask: manejando muchas tareas en forma simultánea o  asincrónica y transmitiendo los mensajes en dos o más dispositivos.

Todavía recuerdo haber visto en Cerdanyola del Vallès, en Cataluña, el reportaje de televisión Guernica. Pintura de Guerra, producido por el programa de documentales 30 minutos, que además de ser transmitida por Televisión Digital Terrestre (TDT), se adaptó para Home Video Center y se preparó otra en formato interactivo web (en la que se pedía la colaboración de los internautas para completar su contenido audiovisual en varios canales o medios de difusión, gracias a los atributos de Internet que suelen aparecer vinculados: multimedia, interactividad, hipertextualidad, packet switching y sincronía).

De esta hibridación tecnológica que ha rebasado el coto vedado de los iniciados, han surgido nuevos expertos en forma y contenido, que han migrado de una especialidad a otra y que se comparten generosamente los mensajes bajo un esquema de préstamos de lenguajes y modos de consumo, como no se había registrado en la historia de los medios de comunicación. Los expertos en cross media saben presentar gráficos, textos, sonidos y video; son especialistas en transmitir desde distintos tipos de señales, almacenar contenido y prestaciones de edición y aprovechan los sistemas de comunicación textuales o audiovisuales con el que intercambian sus contenidos con otros usuarios.

Los nuevos internautas, expertos en forma y contenido, rompen cualquier esquema perceptivo tradicional y cambian la manera de ver las cosas, fracturan los esquemas cognitivos para proponer nuevas formas de analizar las cosas y perciben creativamente cómo piensan los demás. Sin embargo, el rasgo principal de los nuevos internautas es la capacidad de inmersión en la realidad virtual para representar situaciones y entornos reales, sin que implique aprehensión patológica de los ambientes artificiales creados por ellos y propiciando que desde una computadora o un dispositivo móvil el usuario viva mediante interfases avanzadas, fáciles de usar, situaciones virtuales en las que pueda interactuar, en tiempo real, en espacios ficticios, comúnmente denominados metaversos (término utilizado por primera vez por el novelista Neal Stephenson para explicar la representación tridimensional de las redes de interacción de los personajes en espacios-metáfora sin limitaciones físicas, de su novela Snow Crash, publicada en 1991).

23 enero 2011

MUCKRAKERS ANTECESORES DE WIKILEAKS

Los periodistas tienen derecho a reflejar la verdad de los hechos, pero también a denunciar los abusos del poder y las mentiras de la propaganda política. En los albores del siglo XX nació el periodismo de denuncia y con él brotaron como hongos los hombres de medios que denunciaban las arbitrariedades y atentados a los derechos humanos de los gobiernos; a esos periodistas que no se amedrentaban con la censura y la represión, los dueños del poder financiero y político los descalificaban con el mote de muckrakers “escarbadores de basura”.

El compromiso que demandó Sartre para la literatura fue recogido por los denunciadores con buenos resultados a partir de los años sesenta cuando las fuentes oficiales se volvieron sospechosas de mentir y simular las verdaderas intenciones del poder político. Ralph Nader fue uno de los representantes más conspicuos de este periodismo sin anteojeras y dispuesto a escarbar en los cerros de basura de la industria automotriz, con su artículo “The safe car you can´t buy” que dio lugar a su libro de denuncia “Unsafe at any Speedy”, al punto de sacar del mercado una serie de vehículos fabricados en línea sin control de calidad en la seguridad de los pasajeros. Su defensa del consumidor le ganó ser nombrado por la revista Time Magazine como uno de los 100 estadounidenses más influyentes del siglo XX.

Otro notable muckraker de esa época sesentera, fue Seymour Hersh, uno de los pioneros en denunciar los excesos del ejército norteamericano en Vietnam, sobre todo con sus notas sobre la masacre de My Lai, publicadas en noviembre de 1969 en el diario St. Louis Post Dispatch. El trabajo de denuncia de este muckraker ha continuado hasta 2004 cuando reveló al mundo las torturas contra iraquíes en la cárcer de Abu Ghraib, reportaje en el que dejó mal parado al propio Ministro de Defensa de EUA, Donald Rumsfeld. 

19 enero 2011

LAS GRACIAS DE 4CHAN


Uno de los sitios frikis que más me divierten es 4chan: su irreverencia y fanatismo estrafalario son mortíferos. No digo que acepte sin chistar todo su contenido, porque como en cualquier red que se alimenta de la participación colectiva, a veces es difícil separar la paja del trigo, pero en general, la creación de imágenes políticamente incorrectas divierte y hace pensar que la ética hacker tiene un sentido del humor negro tan peculiar como punzante. Esto lo digo mientras no caiga uno en sus garras digitales, porque de ser víctima de su comunidad de crackers, vivir en la web se tornará difícil o casi imposible para el afectado. No tienen clemencia, ni tacto, y desconocen que hasta el escarnio debe imponerse límites. Pero son menores de edad y hay quienes piden que a los jóvenes se les perdonan sus excesos: finalmente la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo. 


Fueron magistrales sus sabotajes a plataformas como Google, A&T o Youtube (que saturaron de videos pornográficos) y desde su nacimiento en 2003, a iniciativa de un quinceañero friki y solapado en el anonimato que se hace llamar Moot, ha sido el dolor de cabeza constante de Sarah Palin (uno de sus blancos preferidos desde que consiguieron saquearle su correo personal) y de la propia Apple, a quien hicieron caer sus acciones en un día de atentados virtuales. 4chan es, a estas alturas, una subcultura urbana que raya en la ilegalidad. Comenzó como una copia barata del sitio japones 2chan, dedicado al anime y manga, pero ha rebasado a su padre hasta alcanzar un tráfico diario de 450 mil mensajes en sus 46 foros. Y lo hacen como si fuera legión, cuando en realidad es el trabajo de un empleado, siete servidores y un estado técnicamente en bancarrota.

17 enero 2011

USHAHIDI EN MÉXICO: UNA HERRAMIENTA SOCIAL

En el derrocamiento del gobierno autoritario de Túnez, las redes sociales tuvieron mucho que ver. Para ciertos analistas políticos, como Ethan Zuckerman, este fenómeno de insurrección social puede ser definido como la primera revolución Twitter de la historia. En realidad, no ha sido la primera vez que la tecnología digital ni las redes sociales en línea han participado como medios efectivos de comunicación alternos entre activistas políticos. Ya la habían utilizado con los SMS de sus smatphones, los hashtag de Twitter y los mapas virtuales los estudiantes británicos que en el año 2010 protestaron contra el alza de tasas universitarias a las puertas del Parlamento en Londres. Y antes, aunque con menos éxito, el movimiento antiglobalización que en el año 2001 convocó a la movilización social mediante el “pásalo” trasmitido por la rebasada Indymedia.

Pero fue durante la crisis política de Kenia, en enero de 2008 cuando el uso de las tecnologías digitales mostró su relevancia avasallante. Vale la pena recordar aquella experiencia. Un grupo de programadores kenianos, bien llamados hacktivistas, opuestos como la mayoría del pueblo a la corrupción y el fraude electoral del presidente Mwai Kibaki, crearon una plataforma de Internet, un motor para “gestión de crisis” que recibía los reportes de atentados milicianos y violencia del Estado. Ubicaron los casos de represión en un mapa virtual donde los internautas podían visualizar casi en tiempo real los puntos neurálgicos del conflicto. La plataforma geoespacial recibía información anónima de miles de ciudadanos inconformes, mediante mails, SMS y blogs; la codificaban mediante OpenLayers y archivaba en JavaScript, aprovechando los servicios gratuitos de Google Maps, Bing Maps y OpenStreetMap. Este software de código abierto recibió el nombre de Ushahidi, que en swahili quiere decir testimonio o testigo.

Ushahidi no expiró después de la crisis electoral de Kenia; creció exponencialmente incorporando aportaciones en su código abierto de programadores y desarrolladores de Ghana, Sudáfrica, Malawi, Holanda y Estados Unidos y se puso al servicio de la defensa de derechos humanos en Africa del Sur y en la República Democrática del Congo. Al Jazeera la empleó para dar seguimiento a los casos de violencia en Garza en los primeros meses de 2009 y sigue utilizándose como herramienta geoespacial para registrar fraudes electorales en la Colombia, Brasil, Bolivia y Venezuela.

En la India se creó http://voterepor.in una herramienta que agrega reportes de SMS, noticias y fotos del proceso electoral desde mayo de 2009, en un país donde las elecciones son un verdadero caos por los más de 3 millones de kilómetros cuadrados de superficie y sus mil cien millones de habitantes. El éxito de Vote Report fue reducido, aunque luego se manejó para el seguimiento del desempeño de sus representantes electos y sobre todo para apoyar las labores de rescate en los atentados de Bombay. En México, se usa para evidenciar, en tiempo real, incidencias e irregularidades electorales como compra de voto, campañas en casillas, padrones rasurados y demás delitos comiciales, creando un sitio que utiliza su código abierto original pero se le agrega la opción de Twitter. El sitio independiente que más ha trabajado en esta plataforma es www.cuidemoselvoto.org 

Pero Ushahidi ha sido sobre todo un medio trascendental para apoyar las medidas de rescate de seres humanos en casos de desastres naturales como el terremoto de Haití del 12 de enero de 2010 que costó la vida de más de 150 mil personas sólo en la capital Puerto Príncipe, y es considerado el mayor sismo en ese país en 200 años. Muchas sobrevivientes atrapados y lesionados entre los escombros pudieron ser localizadas y puestas a salvo en el Hospital de Jimaní, el Hospital General Melenciano y los centros de salud, gracias a Ushahidi Haití y en general a sitios web y plataformas como Facebook y Twitter, porque las líneas de comunicación telefónicas se habían colapsado. Gaurav Mishra, uno de los colaboradores de Ushahidi para crear Vote Repor India, dice que la clave de esta herramienta consistirá en darle sentido a la información mediante agregación, etiquetado, filtrado y geolocalización, a pesar de que, en alguna regiones del planeta los gobiernos impiden disponer de datos fiables como sucedió en el conflicto de Rusia y Georgia o entre Palestina e Israel en Gaza.

08 enero 2011

WIKILEAKS HACKEADO OFICIALMENTE EN TWITTER


Clay Shirky ha escrito sobre los excedentes del ser humano: el poder del cerebro que utilizamos y lo que seríamos capaces de hacer con él de restarle tiempo a ver televisión. En colaboración con Martin Wattenberg de IBM, Shirky ha calculado que el proyecto de participación colectiva de Wikipedia, por ejemplo, ha consumido algo así como 98 millones de horas de pensamiento humano. Otro calculo válido para comparar las horas que invertimos como sociedad viendo televisión frente a las que dedicamos a la participación colectiva, es que nada más en Estados Unidos se consumen 200 mil millones de horas como televidentes. En otras palabras, cabrían 2 mil proyectos de participación colectiva para Wikipedia en la cantidad de tiempo de audiencia televisiva. Imaginemos lo que podríamos hacer como género humano con este arsenal de productos colectivos y beneficio común.
Desde luego, nadie en su sano juicio acusaría legalmente a la gente por ver televisión. Si acaso, se criticaría moralmente a los adictos televisivos por consumir tanto tiempo en un ocio sin oficio ni beneficio (afirmación que está por verse dado las modernas y complejas series de HBO), como nadie tampoco criticaría legalmente a los internautas por participar colectivamente en una plataforma virtual o un sitio web. Pero resulta que el gobierno de Estados Unidos comenzó una persecución contra Wikipedia, exigiendo a Twitter que le entregue los datos y las actividades de la cuenta de Julian Assange y seguidores suyos (incluyendo al cabo del ejercito estadounidense Bradley Manning, sospechoso de ser la fuente de los documentos publicados por Wikileaks), mediante una requisitoria judicial en la sede de esa compañía en San Francisco.
Si se descubrió el caso de Twitter se debió unicamente porque esta compañía no se amedrentó y tomó medidas legales (cuenta con cláusulas para notificar a sus usuarios sobre cualquier petición de información por parte de gobierno en contra suya)  lo cual significa que bien pudo no haber sido la única red social presionada por el gobierno de Obama. La respuesta de Wikileaks ha sido de sentido común: “Si el gobierno iraní intentara obtener por la fuerza esta información de los periodistas y activistas, los grupos defensores de derechos humanos de todo el mundo protestarían”.
La verdad es que una buena cantidad de ONG´s que circulan por el mundo proclamando los derechos humanos no son más que caretas del poderío estadounidense para meter baza en Oriente y la Europa del Este, con argumentos democráticos y liberales que uno suscribe al pie de la letra, pero que los gobiernos liberales no se aplican a sí mismos, desde que el senador Joseph McCarthy y el policía J. Edgar Hoover iniciaron una cacería de brujas en territorio norteamericano con un empecinamiento visceral que envidiarían las naciones más dictatoriales del mundo o cualquier sátrapa africano.
Nadie puede meter las manos al fuego por Julian Assange, un hactivista con secretos personales no revelados y misterios psiquiátricos en espera aún de un buen terapeuta, pero el gobierno ha conculcado las garantías no de un sospechoso de terrorismo, sino de la web en su conjunto, dañando los principios de la libertad de expresión, de la transparencia democrática y la participación colectiva y resucitando las prácticas legales pero represivas de Nixon, McCarthy, Hoover y compañía. Se agrava este atentado a la democracia con la paradoja de que quien jala el gatillo de esta arma autoritaria es un gobierno supuestamente liberal en el que se depositó el entusiasmo de la por la políticamente apática Generación Net.
¿Por qué en vez de haber sido recluido sin cargos en el Campamento Arifjan en Kuwait al militar Bradley Manning luego sometido a condiciones de extrema vigilancia y torturado con el aislamiento extremo, por instrucciones del Pentágono, no se atendieron las pruebas flagrantes de violación de derechos humanos que aportó este joven militar y que cometieron compañeros suyos del Ejercito, los cuales se filtraron junto con otros cables diplomáticos en Wikileaks? Un sitio web creado bajo el dominio www.bradleymanning.org dice lo que el gobierno de la Primera Potencia quiere silenciar: “exposing war crimes is not a crime”, lo que demuestra que el gobierno de Estados Unidos sigue manteniendo los mismos traumas no resueltos de paranoia conspirativa de la administración Nixon, cuando se pretendió expulsar de ese país a artistas de la talla John Lennon, por el grave delito de haber cantado proclamas entre 1964 y 1975 contra la guerra de Vietnam del Sur.
De rebasar esta línea vedada que divide la legalidad de la legitimidad en sus prácticas gubernamentales, la administración de Obama parece aspirar a retornar al escenario cómodo de los ciudadanos como televidentes individuales, duplicando los 200 millones de horas sentados frente al televisor, y olvidando bajo presión y requisitorias judiciales que alguna vez se pudo horadar la mole granítica del poder político y económico de las grandes potencias.   

05 enero 2011

LOS 150 AMIGOS POSIBLES ANTES DE FACEBOOK


En la década de los noventa, el resultado de una investigación de un antropólogo llamado Robin Dunbar se hizo célebre al sugerir que un ser humano maneja en promedio 150 personas cercanas. Un número superior a esta cifra es difícilmente controlable para construir relaciones interpersonales que puedan perdurar o llegar a ser estables. Dunbar sustentaba su hipótesis en el tamaño promedio relativo del neocórtex de 36 diferentes géneros de primates,  que se corresponde proporcionalmente con el número de miembros de su grupo. De ahí dedujo que, según nuestro tamaño de neocórtex, los seres humanos podemos establecer relaciones estables con 147.5 congéneres.
Este nivel cognitivo de contacto permanece inalterable si cada miembro cede a la convivencia social un 42 por ciento de su tiempo, limitado gracias a un recurso que facilita las relaciones entre los seres humanos: el lenguaje. Grupos más numerosos de gente obligan a desaparecer el factor de la amistad y a construir estructuras jerárquicas piramidales de mando y sometimiento. No obstante, el antropólogo advirtió que si se inventa algún método más adecuado para establecer más y mejores relaciones interpersonales, la cifra puede crecer indefinidamente, sin necesidad de incluir algún tipo de fuerza de mando. Este método desconocido hasta hace una década es el Internet, la web y las redes sociales. La tecnología que forma la sociedad red nos echa en cara que la cifra de 150 personas cercanas no es el resultado de un estudio biológico sino histórico: conforme ha evolucionado la humanidad, las relaciones interpersonales crecen exponencialmente. 

Nuestros contactos en Facebook son la prueba de que los límites impuestos a la capacidad del ser humano para relacionarse son una falacia o una verdad relativa que se modifica eventualmente. Por eso, Don Tapscott suele decir que con las redes sociales la cifra de Dunbar ha crecido hasta los 700 contactos por persona. ¿Y por qué no 800 ó 900, si finalmente Facebook es una red social que llegó al año 2011 con 700 millones de usuarios (si fuera un país sería el tercero en el mundo de acuerdo con su tamaño) de los cuales podemos escoger los más afines a nuestros gustos o aficiones? El promedio de la capacidad humana para relacionarse no depende, pues, de la neocorteza cerebral que nos emparenta con los simios; más bien es la consecuencia de la evolución tecnológica, la libertad democrática que abre las posibilidades creativas de la convivencia y el propósito del hombre por formar redes en los diversos ámbitos de su vida.

04 enero 2011

MI PRIMER PERIÓDICO DIGITAL


Mi primer periódico ciudadano, que bauticé como www.procausa.org nació a partir de una benévola adicción: hacia el año 2009 prácticamente estaba enganchado a la web; padecía un apego a la navegación transmediática que me provocaba privación de sueño y reconfiguración de mis relaciones personales, aunque presentía que mis capacidades cognitivas estaban, al contrario, a la alza. El ciber-mal, propio de blogueros, hackers, programadores y videojugadores, puede ser conocido con diferentes nombres: desorden de adicción a Internet –Internet Addiction Disorder (IAD)- (Goldberg, 1995) o uso compulsivo de Internet (Morahan-Martin y Schumacker, 1997). Claro que mi caso no era para tanto: aunque mis intentos por reducir o controlar el número de horas dedicadas a este saludable vicio resultaban infructuosos, al final concluí que lo mío no era una adicción química sino psicológica y en el fondo, digamos que vocacional: me asumí como un diletante, un migrante digital que arribaba a sus cuarenta años al ciberespacio, apurado en conocer el know-how de dicho entorno tan hospitalario pero difícil de asimilar para el extranjero obligado a cambiar costumbres y patrones de comportamiento y modo de vida.

Nunca creí, desde luego, que la web fuera causa en sí misma del decremento del circulo social de una persona, y menos de depresión, soledad y suicidio: esto es cargar mucho las tintas y a lo sumo, puede inducir en algunos un estado de conciencia alterado (lo que en medicina se conoce como “total focalización atencional”). Y en cuanto a la tendencia psicopatológica del anonimato que estimula actos desviados como la pedofilia y la creación de personalidades ficticias para ocultar infidelidades, es innegable que este comportamiento se diluye en el hábito más reciente en las nuevas generaciones de ventilar a los cuatro vientos virtuales (facebook, youtube, twitter y LinkedIn) quienes somos, qué queremos, cuales son nuestras filias/fobias y con quién nos relacionamos sin reservas de ningún género. Ahora bien, no oculto que mi apego a la web consumía la mayor parte de mis días y noches, por lo que una madrugada, casi consagrada a buscar aplicaciones para etiquetar en nube, me decidí a vencer la tentación entregándome en cuerpo y alma a sus brazos: ideé una empresa digital que luego programaría como plataforma virtual mi hermano Oscar, y que surgió entre las brumas soñolientas de la duermevela, www.procausa.org Fue un remedio de matacaballo que me provocó una especia de síndrome de abstinencia parecido al malestar que describe John Lennon en Cold Turkey: “My eyes are wide open, can't get to sleep. One thing I am sure of, I'm in at the deep freeze”.

En un principio, esta proyecto digital, cuyas funciones originales (entonces todavía en beta), fueron las propias de un agregador de noticias, no fue el gran descubrimiento que entrara en liza con los puntocom de Sillicon Vally, pero sirvió como vertedero de los hallazgos, enlaces y correlaciones con mis almas gemelas de la red. Mis amigos en la red reconocían la audacia, pues no eran tiempos fáciles para los inversionistas regionales dada la caída libre de la economía global, como dice Joseph E. Stiglitz, y la inseguridad que hace de las ciudades del norte de México campos de muerte similares a Kandahar o Mogadishu. Pero sí debo reconocer que mi vida en 2009 oscilaba entre una zona de confort digital y una zona de alto riesgo real. Era una atmosfera asfixiante. Como bien se sabe, con la sensación de bienestar cibernético (que se consigue cuando se navega en la web con pura indolencia sin propósito determinado) el internauta adormece sus sentidos, estado complaciente que se me sumaba en mi caso con la sensación de peligro permanente que vivimos en México. Ante un escenario hostil, de amenaza constante, el cerebro se previene cambiando su fisiología: deja de funcionar bien la corteza cerebral y mejora una parte del sistema límbico, sobre todo el llamado complejo de núcleos amigdalinos. Pero al asumir un reto concreto, como lo fue en este caso mi empresa digital, el cerebro sale de su zona de confort y de su escenario de peligro y se prepara incrementando el riego sanguíneo en la corteza cerebral y aumentando el tamaño del hipocampo, proceso que pone al sujeto en línea para cumplir sus metas.

27 diciembre 2010

HACIA LA ULTIMA FRONTERA, SEGÚN STAR TREK


Los hombres de campo suelen decir que aclarando amanece. De manera que digamos las cosas por su nombre. La originalidad de la web 2.0 estriba no en los dispositivos ni en las aplicaciones, sino en el medio en sí mismo: es decir en el fenómeno de comunicación que suscita en un determinado entorno social, cuyas fronteras se han vuelto cada vez más difusas. Analizar la tecnología de última hora es simple: se requiere de mera destreza técnica para hurgar sus entrañas. En cambio, estudiar el impacto en la comunidad social o virtual exige conocimientos múltiples, demanda expertos que dominen una variedad de campos psicológicos, de comunicación de masas y hasta pedagógicos; es decir, requiere de profesionales  polialfabetizados. Internet no es solamente la red de redes derivada de un invento militar (el célebre Arpanet); es un entorno de participación colectiva que se reproduce hasta el infinito gracias a la inteligencia masiva. Es más: la cultura participativa trasciende Internet, lo rebasa por sus costados aunque es innegable la aportación de este artilugio formidable.
Pero la inteligencia colectiva no se queda enmarañada en la web: es parte de un entorno virtual y también social que usa las tecnologías interactivas para difundirse, y que llega a confundirse con ellas, pero que es un ente distintivamente aparte; abarca todo lo que tenga que ver con el ser humano, animal gregario por naturaleza. Claro que con la web este potencial de producción cultural se ha incrementado a estadios insospechados hasta hace un par de décadas.
Con esto quiero decir que los nativos digitales (la generación nacida después de la década de los ochenta) cuentan con más recursos técnicos para formar parte de la arquitectura de la participación y robustecer la sociedad del conocimiento, como no la tuvimos desde la cuna la denominada generación X. Antes, era fácil para cualquier adulto de más de cuarenta años instalarse en una zona de confort y ser un simple consumidor. Ahora, quien consume productos mediáticos en la web, también es capaz de producirlos, ya sea en calidad de nativo digital o de migrante digital, lo mismo da, si se asumen las nuevas reglas del juego. Es más: resulta irónico pensar que la zona de confort moderna consiste en cumplir estas reglas del juego y consumir y producir a un tiempo en la navegación transmediática: en esta mezcolanza de formatos, esta convergencia d medios que no delimitan campos de saber ni respeta especializaciones. Si antes dominar un formato, sea la televisión, el cine o el periodismo imponía un proceso de aprendizaje exclusivo (y por ende casi excluyente) de al menos diez años, y luego un acomodo inevitable en dicho compartimiento estanco a lo largo de toda una vida, ahora se tiene que malabarear en diferentes pistas, ser habilidoso en múltiples formatos, manejar los más sofisticados dispositivos y aguzar los sentidos en todos los flancos para adaptar nuestras hábitos mentales a las nuevas prácticas comunicativas.
Suena complicado pero no tanto como sucedía antaño: el aprendizaje mediante memorización, con limitado manejo de fuentes de información y poca práctica de la escritura implicaba sacrificar el entorno para concentrarse en un gramo de mostaza, por decirlo bíblicamente. En la actualidad un adolescente ha escrito diez veces más en Facebook, Twitter y en los chat, que un adolescente de su misma edad en la época de nuestros abuelos. Es verdad que quizá se escriba menos bien y la sintaxis deje mucho que desear, pero eso se compensa con la interacción social que la escritura está propiciando, con una intensidad en diversas audiencias que no existía en la historia de la humanidad, ni siquiera cuando los saberes institucionales los monopolizaba la cultura del libro. Y sobre este aspecto, los libros como recurso de conocimiento tradicional no morirán pero tendrán que combinarse con otro tipo de aprendizajes visuales y auditivos, donde los videojuegos, los weblog y en general los social media son parte principal y no un estorbo del proceso de aprendizaje institucional y emocional.
De manera que no basta con disculparse de ser legos en tecnologías, porque la tecnología es algo más que la Internet, es el lápiz con que emborronamos los cuadernos, son los lentes bifocales que utilizamos para leer el periódico y es el carro que conducimos; tampoco vale culpar a la mala suerte biológica de haber nacido antes del boom del puntocom: si no se es por motivos cronológicos nativo digital, sí se puede ser a cualquier edad migrante digital. Se trata de cambiar valores anquilosados y entrar con actitud abierta a este nuevo espacio virtual, digamos que la última frontera, para llegar a donde ningún otro hombre había llegado jamás, como bien lo profetizó ese no-nativo digital que se llamó Gene Roddenberry, creador en los remotos años sesenta de la pionera serie de televisión, Star Trek.

17 diciembre 2010

EL MAGISTERIO DE JOSÉ LUIS IBAÑEZ


En lo que aparenta ser una crítica a Frank Kermode y al libro The sense of an ending, el novelista inglés David Lodge acusa al célebre crítico de ser un dandy intelectual que se complace en “exhibir su brillantez” (“delights in exhibiting his brilliance”). Sin embargo, añade Lodge: “la brillantez es genuina” (“the brilliance is genuine”)[1]. Tuve una sensación similar al conocer al maestro José Luis Ibáñez, quien exhibe una brillantez deliberada en sus exposiciones, que sin embargo, es genuina.
  ¿Qué me aportó en lo personal su materia de Letras Españolas? Lo diré basándome en una de las ideas de Kermode, aquella de que la novela transubstancia el estado puro del tiempo, ordinario y desorganizado, para volverlo “tiempo virtual” con principio y final. Pues bien, a su manera, el maestro Ibáñez suma diversas materias en aparente “estado puro” (historia de las ideas, el teatro de Lorca, Gómez de la Serna, el Siglo de Oro, la representación teatral, etcétera), para diseñar en este semestre recién concluido, una estructura virtual que se sostuvo en tres ejes:
1.- La correspondencia de las obras literarias.
2.- Las dificultades inherentes al montaje teatral. 
3.- El ánimo cuestionador de todo corpus de conocimiento establecido.
El primer eje cobra forma literaria, el segundo exige aplicación práctica y el tercero adquiere una voluntad transgresora digamos que temperamental.
Para mi tesis sobre el esperpento de Valle Inclán, fue muy interesante que el maestro Ibáñez nos indujera a asociar el estilo peculiar del escritor gallego con las características de los entremeses cervantinos y, sobre todo, del sainete. Los cuernos de don friolera tienen influencia del género chico y, especialmente de la “tragedia grotesca”, que es como el comediógrafo Carlos Arniches definió a su obras satíricas. Se entiende, por tanto, que en literatura las creaciones se corresponden como vasos comunicantes, planteamiento que, entre otros ensayistas, Octavio Paz desarrolló en su libro temprano El arco y la lira.
Las dificultades de montaje de toda obra teatral es materia universitaria de altísima importancia para el maestro Ibáñez, que, irónicamente, no ha sido suficientemente considerada en los programas de estudio ni de licenciatura ni de posgrado. No es tanto un problema de ignorancia sino de comodidad psicológica: estudiar cómo poder montar una de las obras del teatro imposible de Lorca (por ejemplo, El paseo de Buster Keaton), de las obras de Valle que él mismo calificó de “irrepresentables” (por ejemplo, Divinas palabras), o de cualquier otro autor, sea Ibsen o Eliot, exige del docente erudición rigurosa y experiencia en la práctica e interpretación teatral que casi nadie posee en el medio mexicano a excepción obvia de Ibáñez. En el ingenio artesanal de llevar a escena una obra, reside el verdadero sentido etimológico de la palabra pragmatismo, es decir, poner en práctica una idea, o en este caso, una creación ficticia traducida en realidades perceptibles por el público.    
         Finalmente, el maestro Ibáñez me aportó el método y en cierta forma me curtió el temperamento para cuestionar la “episteme” que los aparatos culturales sedimentan en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y que muchas veces lastran la investigación y la curiosidad hermenéutica en el mundo académico, y la libertad creadora en la composición teatral (de ahí su airada defensa a autores acusados por el establishment de no dominar la técnica teatral como en su época sucedió con Octavio Paz y su Hija de Rappaccini ó con Mario Vargas Llosa y su Señorita de Tacna). Rigurosamente pero con espíritu transgresor, hay que poner en solfa todo conocimiento aprendido, por lo que se debe echar mano tanto de la crítica como de la tolerancia, dos valores heredados de la modernidad, que el maestro Ibáñez monta en escena con genuina brillantez en cada una de sus clases de posgrado


[1] David Lodge, Language of fiction: seáis in criticism and verbal análisis of the English novel. Routledge, London. 2002. p. 214. 

24 octubre 2010

El caso Tyler Clementi y los celos de los mass media profesionales

Los medios masivos no dejan pasar la oportunidad de usufructuar el monopolio del control de los cuerpos. Eso quedó en evidencia con el caso Clementi. A finales de septiembre pasado, corrió la noticia de que Tyler Clementi, estudiante de 18 años, de la Universidad de Rugters, Nueva Jersey, se suicidó saltando de un puente, tras saber que su roommate había difundido en directo por Internet imágenes de su encuentro sexual con otro chico. Los canales de televisión entrevistaron a los familiares del suicida: “era un buen chico y notable violinista”. “Estamos destrozados”. Cosa de esperarse, la prensa se encarnizó en contra del acusador: Dharun Ravi, también estudiante de Rugters, procesado por invasión de la privacidad (escondió una webcam en el piso de Clementi).
Otra acusación en contra de Ravi es la de homofóbico: acosó a un gay hasta orillarlo a la muerte, con el apoyo de muchos usuarios de Facebook quienes comprendían su molestia de compartir piso con un “mariquita”. Clementi habría estallado, días antes de arrojarse del puente: “el escándalo público no se debió a ser espiado, sino a verme retozando con un hombre”. De manera que, con su suicidio, Clementi pretendió que la opinión pública se volcara en contra de Ravi, su voyeurista, remontando el marcador en contra. La restauración moral estaba en marcha. Los titulares de ABC, CBS, incluso del conservador Fox News, condenaron a Ravi como si fuera culpable de crímenes de guerra. Se creó la página en Facebook: “In honor of Tyler Clementi”. El propio presidente Obama ofreció una rueda de prensa para condenar el bullying. La sentencia de la opinión pública en contra de Ravi la dictó en su blog el popular paparazzi virtual de Hollywood, Perez Hilton: “Absolutely vile!”
¿Pero no es este voyeurismo de Dharun Ravi el mismo que practican impunemente los medios de comunicación? Se alegará que Clementi no era una celebridad como para haber sido exhibido sádicamente. Sin embargo, gracias a las cadenas de televisión mundial (sin contar la difusión vía red), Clementi ya es una celebridad postmortem: símbolo del gay acosado. Clementi perdió su privacidad legal que ahora la autoridad intenta restaurarle. Y esa condición simbólica de gay acosado, no le fue construida por Ravi, sino, irónicamente, por los mass media que hoy condenan a Ravi y que en el fondo, le cuestionan que haya metido sus narices en las funciones exclusivas de los medios de comunicación, noaccesibles a cualquier hijo de vecina, como ahora pretender exigirlo el periodismo ciudadano y sitios web como wikileaks.
Usando la terminología de Michael Foucault, podemos pensar que el cuerpo públicamente exhibido de Clementi, entró en la “tecnología del poder mediático”. Tras su suicidio – originalmente un acto personal privado— Clementi entrega su cuerpo, como también el de su acosador Ravi, a los mecanismos de poder simbólico, que “lo explora, lo desarticula y lo recompone”. Al difundir el caso a escala masiva, los medios de comunicación le fabrican a Clementi y a Ravi unos cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles” (148:1998) que cumplirán el rol de víctima/verdugo asignado por el discurso mediático.
Símbolos opuestos, los cuerpos de Clementi y Ravi ilustran los mecanismos de poder de los mass media, únicos acosadores legalmente acreditados. El castigo mediático contra Ravi consistirá en ser exhibido a perpetuidad junto con su víctima. Vigilado y castigado. ¿Por quién? Por uno de los micropoderes que constituye un saber, una “anatomía política” que, valiéndose de cuerpos como el de Clementi y el de Ravi, imponen sutilmente sus dominios de conocimiento y sus tecnologías de control. Sobre la víctima y su verdugo, los medios se han erguido como un panóptico más efectivo que el ideado por Jeremías Bentham: “un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro (...) todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que observaba...” (99:1978). Aclaremos: un vigilante profesional, no un simple vigilante diletante, sin método, como Ravi.
Dice Foucault: “A estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se puede llamar disciplinas”. (141:1998). Muerto, Clementi es un cuerpo disciplinado, dócil como conductor del mensaje formativo, útil para enseñar que cualquier acoso diletante como el de operó Ravi es condenable, porque no forma parte del circuito aséptico y profesional, de los mass media. En cambio, el acoso sistemático que practica la televisión (ese sí “absolutely vile”) no es pernicioso ni merece castigo porque constituye uno de los micropoderes disciplinarios legitimados por sus propias víctimas. 
La diferencia entre el bullying de Ravi y el que ejercen las instituciones mediáticas, consiste en que uno lo ejerce ilícitamente un cuerpo cuyo rol debe limitarse a ser vigilado y el otro lo ejerce un vigilante profesional, que nos reprimirá si nos desviamos de sus disciplinas. A eso tendremos que atenernos. 


Bibliografía
• Foucault M. (1978) La verdad y las formas jurídicas. Editorial By Gedisa, Río de Janeiro.
• __________(1998) Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. Editorial Siglo Veintiuno editores, México D.F.